Uno de cada tres

Por consejo médico, dejé de hablar con las paredes. Ahora lo hago en este sitio.

05 mayo 2006

Bolivia y la esperanza

Es curioso, o quizá no tanto, lo que está pasando en Bolivia estos días.
Una sociedad sin esperanza, pobre de solemnidad, ha puesto el último rescoldo de sus esperanzas en Evo Morales, un campesino cocalero, que ha nacionalizado la producción de gas y petroleo de su país. Brasil las puso ya en Lula, que ha gobernado moderadamente, y Venezuela en el pintoresco Chavez, quien rige su país como si fuera su plantación.
Ya se han producido otros desengaños: en México Fox, que creo unas grandes expectativas (algún día contaré como viví aquellos días de cambio), en Perú Toledo, y casi casi en Brasil con Lula.
En Iberoamérica, desde Tijuana a Patagonia, la población ha perdido con la confianza en sus políticos "profesionales", y la esperanza de que el Estado solucione sus problemas es mínima. Una situación secular que produce una desigualdad espeluznante en la distribución de la riqueza (en México un 10% de la población, todos blancos, controlan el 85% de la riqueza del país) y una sociedad en la que la corrupción está enquistada en los gobiernos.
Y Bolivia, un país que no tiene nada, excepto gas, pone sus esperanzas en el líder cocalero. Última oportunidad, nuevas esperanzas.
Este señor ha nacionalizado la producción del gas, con la pretensión de renegociar los contratos que tiene con las empresas y los países clientes. Aunque con el riesgo de que las empresas dijeran "ahí te quedas, a ver como sacas y comercializas ahora tu gas", sabe que los gasistas no pueden irse así como así, porque han hecho una gran inversión y porque en un mundo como el de hoy, cuando se adquiere una posición en un mercado, no puedes permitirte el lujo de perderla.
Ha sido listo. En seguida sus principales clientes (Brasil, entre ellos) han aceptado una subida de precios y las empresas una renegociación de sus contratos al alza.
Lo que queda por ver es si esto repercutirá en los desesperanzados ciudadanos de Bolivia, o si la pobreza seguirá siendo la misma.
Creo que seguirán perdiendo. No hay otra manera. Si esa riqueza llegara al altiplano, sería un sueño demasiado bonito para ser realidad, en este mundo donde la realpolitik es lo único que queda. No hay espacio para los sueños.
Y si no, nos veremos dentro de cien años y comentamos.