Uno de cada tres

Por consejo médico, dejé de hablar con las paredes. Ahora lo hago en este sitio.

11 mayo 2006

Fin de la manía estúpida 1

Una de mis pesadillas ha llegado a su fin. Comentaba en un post que llevaba sufriendo por algún tiempo una manía que se había enquistado en mi cerebro de tal manera que restaba horas a mi ya exiguo sueño: la de encontrar la palabra que designaba objetos – por lo general nimios – con los que me encontraba a lo largo del día: así, comentaba yo, encontré la palabra escobajo, e inicié investigaciones para encontrar el nombre que designaba la bola que se hace con los calcetines para guardarlos, entre otras pérdidas de tiempo.
Esta compulsión me llevó a hacer del DRAE mi libro de cabecera: empezando a buscar aleatoriamente, encontré la solución a todos mis desvelos:

Catacresis (del latín catachresis y este del término griego “uso indebido”). Tropo que consiste en dar a una palabra sentido traslaticio para designar una cosa que carece de nombre especial. V. gr. La hora de la espada, una hoja de papel.

Tropo: empleo de las palabras en sentido distinto del que propiamente les corresponde, pero que tiene con éste alguna conexión, correspondencia o semejanza. Comprende la sinécdoque, la metonimia y la metáfora en todas sus variedades.

Esto me asegura que 1) hay cosas que no tienen nombre específico (v. gr. Bola de calcetines) y 2) todo lo que no tiene nombre se puede designar por medio de una catacresis.
Así, cuando me surge la duda esquizofrénica de encontrar el sustantivo que define una palabra, conjuro la catacresis, y en seguida se calma la ardiente comezón intelectual.
Ahora puedo dormir tranquilo.